
El termino ansiedad se ha convertido en una palabra cotidiana en nuestro vocabulario pero, a qué nos referimos en el ámbito de la psicología cuando mencionamos dicho termino.
Mientras tenía una sesión de terapia con una consultante hace unos días, caí en la cuenta de que, aunque hablamos mucho de la ansiedad, dedicamos más bien poco tiempo a describir de que se trata, a que aludimos cuando la mencionamos.
En este post vamos a dar una definición de la ansiedad, también veremos cómo detectarla y aprenderemos cómo funciona, todo ello con la finalidad de contribuir a reducir las posibilidades de que esta emoción tome el control de nuestra vida, ojalá te sirva.
Aclaración importante antes de empezar

Tanto el miedo como la ansiedad, son emociones. En tanto que son emociones, ni la una ni la otra son patológicas, es importante tener claro que no son un problema en si mismas.
Con el miedo se tiene más claro, pero algo que observo es que se suele hablar de la ansiedad, en términos de problema o trastorno.
La ansiedad o el miedo, se vuelven un problema cuando por intensidad y/o frecuencia interfieren en tu vida, la bloquean o contribuyen a la evitación de aspectos valiosos para ti.
Comencemos por el miedo
El miedo es una emoción que sentimos en el aquí y ahora, en el momento presente.

Si mientras voy en un avión, se empieza a mover bruscamente y se apagan las luces, puedo sentir miedo, incluso algo más allá del miedo, pánico.
El miedo y el pánico son estados emocionales de activación, los cuales nos preparan para responder a un peligro. Habitualmente el miedo se activa ante situaciones que nos aterran y que están sucediendo en ese mismo momento.
El cuerpo se prepara para luchar o huir pero también puede paralizarse.
Si el miedo se activa mientras viajas en avión, probablemente tu respiración se tornaría agitada, el corazón latiría deprisa, los músculos se tensarían y un sudor frío podría atravesar tu frente.
¿Qué sería entonces, la ansiedad?
La ansiedad es una emoción muy similar al miedo y se activa cuando aparecen temores en relación al futuro.

Por ejemplo, si fueses la persona que ha vivido esa situación de terror en el avión, podría ocurrir que un día mientras decides que vas a hacer en tu próximo viaje, apareciese un pensamiento que podría ser algo así como “y si vuelve a pasar lo mismo en el avión” o “y si de repente no sale bien y….el avión cae…” un sudor frío podría descender de nuevo por tu frente, tú corazón se volvería a agitar y podrías pensar en ir a algún lugar de la península, sin embargo, estás en tu habitación con tu portátil, visitando un blog de viajes.
Ese conjunto de sensaciones similares a las del miedo, que se activan respecto a un temor futuro, constituyen el espectro que conforma la emoción que denominamos ansiedad.
¿Cómo puede la ansiedad tomar el control de tu vida?
Al tratarse de una emoción que se desencadena cuando pensamos hacia futuro, los pensamientos que activan la emoción de ansiedad anuncian probabilidades.

Los pensamientos hacia futuro son el combustible de la ansiedad y se extienden a medida que pasas tiempo con ellos, ramificándose como la copa de un árbol, cada vez un poco más, sumando poco a poco más posibilidades.
La ansiedad puede adquirir el control de nuestra vida, debido a que puede situarnos en un estado de miedo permanente y por lo tanto de activación constante. No es necesario que tus miedos estén presentes para sentirte en alerta.
En ese estado, lo más probable es comenzar a evitar lo que te da miedo (por ejemplo no sacar los billetes para tu viaje) o escapar en el ultimo momento (irte para casa cuando estas en la cola de embarque).
Habitualmente evitar o escapar de lo que podría dañarte, resulta un alivio. Es así, como esta emoción puede llegar a tomar el control de tu vida. El alivio a corto plazo se trasforma en desazón a medio y largo plazo.
¿Qué podría ser de ayuda para que la ansiedad no tome el control de tu vida?
Reconocer las pensamientos y sensaciones asociados a la ansiedad
Aprender a reconocer los pensamientos sobre amenazas futuras y como estos nos activan y hacen presente el futuro, resulta muy útil de cara a que la ansiedad no nos domine.
Si nos vamos al ejemplo que pusimos anteriormente, cuando a este chico le vienen estos pensamientos a su mente:
“y si vuelve a pasar lo mismo en el avión” o “y si de repente no sale bien y….el avión cae…”
El chico de nuestro ejemplo, podría decirse así mismo, algo como lo siguiente:
«Un momento, estos pensamientos son hacia futuro y están generando que me sienta inquieto. Yo estoy aquí, en mi habitación, sobre mi cama, con las manos encima del teclado de mi portátil. Ahora no esta ocurriendo nada que me inquiete”.
Decir que para poder hacer esto, tendría que haber un entrenamiento previo y la activación del cuerpo ser de baja a moderada. Ante una activación extrema, puede ser más recomendable aprender a respirar y bajar la activación del cuerpo poco a poco. Imagina que estás buceando en una playa llena de gente, probablemente no veas nada, necesitas que la arena se deposite de nuevo en el fondo para empezar a ver los peces, algas, piedras. Algo así ocurre con la activación cuando es muy elevada, lo primero es bajar la intensidad, la respiración es clave en esto. Es importante que sea a un ritmo lo más lento posible. Una forma de respirar que ayuda a bajar la activación es la respiración diafragmática, coges aire por la nariz, lo llevas hasta la zona del diagrama (puedes poner tus manos en tu abdomen para percibir mejor como se este se hincha) cuando está totalmente hinchado, vuelves a soltar el aire por la nariz.
Tomar perspectiva de los pensamientos y las sensaciones físicas
Una vez se ha hecho un reconocimiento de los pensamientos, las posibilidades de tomar distancia de los mismos pueden ser mayores. Además de reconocerlos, puede ayudarte a tomar perspectiva otra serie de estrategias como; escribir tus pensamientos en un papel o algún medio digital y leerlos en voz alta o para ti mismo, cantarlos, repetirlos etc. Este tipo de maniobras suelen favorecer la toma de perspectiva, el distanciamiento.
El distanciamiento es muy útil para que los pensamientos no tomen el dominio de nuestras acciones. Se trata de tomar conciencia de que los pensamientos y nosotros no somos la misma cosa. A veces este fenómeno lo conseguimos cuando hablamos con un amigo/a, le expresamos como nos sentimos y nos damos cuenta e incluso nos sorprendemos de nuestras propias ideas. También pasa cuando hablamos en voz alta con nosotros mismos.
Un recurso para tomar perspectiva es imaginarte a un amigo/a, contándote a tí lo que tú mismo estás pasando ¿Qué te parece lo que escuchas?.
Exponerte a tus miedos
Exponerte a tus miedos, es un recurso muy potente para que la ansiedad no te domine. Por desgracia, a veces es muy difícil y en ocasiones resulta complicado que sea el primer paso.
Cuando haces lo que la ansiedad te dice que mejor no hagas, lo infinito del mundo de los pensamientos se vuelve finito en la experiencia. Las ramificaciones mentales se callan en ese momento y en la mayoría de ocasiones podrás observar un contraste muy fuerte entre tus miedos y lo que en realidad termina ocurriendo. Estás experiencias son muy eficaces para que tú sistema entienda que eso que temías no era peligroso para ti.
Una recomendación
Las habilidades que he expuesto arriba, requieren tiempo y práctica. No tienes que desarrollarlas de golpe, ni aprenderlas todas. Normalmente se conectan entre sí. De manera que una te llevará a la otra. Si quieres empezar, como cualquier habilidad comienza por algún lugar y ve caminando.
Uno de los aspectos más importantes es desarrollar la habilidad para reconocer el combustible de la ansiedad, esos pensamientos controladores que prometen una respuesta a nuestra incertidumbre. Con esta habilidad se sienta la base a las demás, por lo que puedes empezar observando cuánto tu mente se pone en modo anticipador.
Nos vemos en el siguiente post. Cualquier duda o sugerencia puedes exponerla aquí debajo en los comentarios del post.












